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No Incites a la fiera!

Liberado por Christian Grey

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Mi familia está en el estudio, abusando de la máquina de karaoke.
Kate y Mia están bailando y cantando «We Are Family», con mis
padres como público. Me parece que están un poco borrachas.
Elliot está desparramado en el sofá, bebiendo cerveza y entonando
la letra de la canción.
Kate ve a Ana y la llama para que se acerque al micrófono.
—¡Dios! —exclama Mia, sofocando la canción con su grito—. ¡Pero qué pedazo de pedrusco! —Coge la mano de Ana
y emite un silbido—. Esta vez te has portado, Christian Grey.
Ana le sonríe con timidez mientras Kate y mi madre la
rodean para examinar el anillo, lanzando las correspondientes
exclamaciones de admiración. Noto cómo me voy hinchando
de orgullo.
Sí. Le gusta. A ellas también les gusta.
Lo has hecho muy bien, Grey.
—Christian, ¿puedo hablar contigo? —me pregunta Carrick,
levantándose del sofá y mirándome con gesto adusto.
¿Ahora?
Me dirige una mirada inflexible al tiempo que me indica con
la mano que salgamos de la habitación.
—Mmm, sí, claro. —Miro a Grace, pero rehúye mi mirada
deliberadamente.
¿Le habrá contado lo de Elena?
Mierda. Espero que no.
Lo sigo a su despacho y él me hace pasar y cierra la puerta a
su espalda.
—Tu madre me lo ha contado —me suelta a bocajarro, sin
preámbulo de ninguna clase.
Miro el reloj: son las 12.28. Es demasiado tarde para un
sermón… en todos los sentidos.
—Papá, estoy cansado…
—No, no te vas a librar de esta conversación. —Me habla
con voz severa y entorna los ojos para mirarme por encima de la
montura de las gafas. Está enfadado. Muy muy enfadado.
—Papá…
—Calla, hijo. Ahora te toca escuchar