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No Incites a la fiera!

Liberado por Christian Grey

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—Está bien —dice, y se dirige a la cama y abre la cremallera
de la bolsa.
He comido hasta reventar. Mis padres han vuelto de misa y mi
madre ha preparado su tradicional brunch: una deliciosa fuente
—no apta para cardiópatas— llena de beicon, salchichas, patatas
fritas, huevos y panecillos. Grace está muy callada y sospecho
que puede que tenga resaca.
He estado evitando a mi padre toda la mañana.
No le he perdonado lo de anoche.
Ana, Elliot y Kate están enzarzados en un acalorado debate
—sobre el beicon, aunque parezca increíble— y peleándose a
ver quién se come la última salchicha. Los escucho a medias,
divertido, mientras leo un artículo sobre la tasa de quiebras de
los bancos locales en la edición dominical del Seattle Times.
Mia lanza un grito y se hace sitio en la mesa, sujetando su
portátil.
—Mirad esto. Hay un cotilleo en la página web del Seattle
Nooz sobre tu compromiso, Christian.
—¿Ya? —pregunta mamá, sorprendida.
¿Es que esos gilipollas no tienen nada mejor que hacer?
Mia lee la columna en voz alta:
—«Ha llegado el rumor a la redacción de The Nooz de que
al soltero más deseado de Seattle, Christian Grey, al fin le han
echado el lazo y que ya suenan campanas de boda».
Miro a Ana, que palidece mientras alterna su mirada inocente
entre Mia y yo.
—«Pero ¿quién es la más que afortunada elegida? The Nooz
está tras su pista. ¡Seguro que ya estará leyendo el monstruoso
acuerdo prematrimonial que tendrá que firmar!».
Mia suelta una risita.
La fulmino con la mirada. Cierra la puta boca, Mia.
Mi hermana se calla y frunce los labios. Ignorándola a ella
y todas las miradas nerviosas que se intercambian en la mesa,
centro toda mi atención en Ana, que está aún más pálida.