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No Incites a la fiera!

Liberado por Christian Grey

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Lanza un grito y me sujeta con fuerza de las muñecas.
La embisto otra vez.
Y otra.
—Christian… —grita, mirando al techo, con una súplica
implícita mientras se adapta a mi ritmo y nos movemos al unísono.
Acompasados. Como uno solo. Hasta que cae desfallecida
encima de mí, arrastrándome consigo y dando paso a mi propia
liberación.
Entierro la boca en su pelo y le acaricio la espalda con los dedos.
Esta mujer me roba el aliento.
Esto aún es nuevo para mí: Ana tomando las riendas, llevando
la iniciativa. Me gusta.
—A eso lo llamo yo honrar el culto de los domingos
—susurro.
—¡Christian! —Levanta la cabeza de golpe, reprobándome
con la mirada.
Me río a carcajadas.
¿Llegará algún día en que esto deje de ocurrir? ¿Escandalizar
a la señorita Steele?
La abrazo con fuerza y los dos rodamos por la cama hasta
situarla debajo de mí.
—Buenos días, señorita Steele. Siempre es un placer
despertarla.
Me acaricia la mejilla.
—Y también a usted, señor Grey. —Habla con dulzura—.
¿Tenemos que levantarnos? Me gusta estar aquí en tu habitación.
—No. —Miro el reloj de la mesilla de noche. Son las 9.15—.
Mis padres estarán en misa.
Me coloco a su lado.
—No sabía que fueran a misa.
Hago una mueca.
—Sí. Sí que van a misa. Son católicos.
—¿Y tú?