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No Incites a la fiera!

Liberado por Christian Grey

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impaciente y desplazando luego la mirada hasta mi cara con una
sonrisa coqueta. Muy despacio, sin apartar los ojos de los míos,
se lo mete en la boca.
Oh, Dios…
Mueve la cabeza hacia abajo y hacia arriba, cubriéndose los
dientes con los labios mientras avanza cada vez más con la boca.
Hundo los dedos en su pelo y lo aparto de en medio para poder
disfrutar del espectáculo ininterrumpido de ver a mi futura
esposa rodeándome la polla con los labios. Aprieto los glúteos,
levantando las caderas, horadando más adentro aún, y ella me
recibe hasta el fondo, succionando con fuerza.
Con más fuerza.
Con más fuerza aún.
Oh, Ana… Joder, eres una diosa.
Acelera el ritmo. Cerrando los ojos, cierro el puño alrededor
de su pelo.
Qué bien lo hace…
—Sí —mascullo entre dientes, y me abandono al movimiento
ascendente y descendente de su boca exquisita. Estoy a punto de
correrme.
De repente, se detiene.
Maldita sea. ¡No! Abro los ojos y la veo colocarse encima de
mí para, acto seguido, hundirse muy muy despacio en mi polla
ansiosa. Lanzo un gemido, regodeándome con cada precioso
centímetro. El pelo le cae en cascada sobre los pechos desnudos y
alargo las manos para acariciárselos, uno a uno, recorriendo con
los pulgares sus pezones endurecidos, una y otra vez.
Deja escapar un prolongado gemido, empujando las tetas en
mis manos.
Oh, nena…
Entonces se inclina hacia delante y me besa, conquistando
mi boca con la lengua, y percibo y saboreo mis restos de sal en
su dulce boca.
Ana.
Deslizo las manos hacia sus caderas, la aparto de mí y la
coloco de espaldas, sin dejar de embestir al mismo tiempo…