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No Incites a la fiera!

Liberado por Christian Grey

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—¿Ah, sí? —Tanto mi polla como yo nos alegramos al oír
sus palabras.
Antes de darme tiempo a prepararme para que me toque,
se inclina hacia delante y deposita un beso suave en mi pecho,
mientras su pelo cae abriéndose en abanico a nuestro alrededor,
tejiendo un refugio de color castaño. Unos ojos azul brillante
me miran.
—Había pensado empezar por aquí. —Me besa de nuevo.
Inspiro aire de golpe.
—Y seguir por aquí abajo. —Traza una línea descendente
con la lengua por mi esternón.
Sí.
La oscuridad sigue apaciguada, acallada por la diosa que
está sentada encima de mí o por mi libido imperiosa, no sé
exactamente por cuál.
—Qué bien sabe usted, señor Grey —murmura pegada a mi
piel.
—Me alegra oír eso. —Las palabras salen con voz ronca de
mi garganta.
Lame y mordisquea la parte inferior de mi caja torácica
mientras sus pechos me rozan el bajo vientre.
¡Ah!
Una, dos, tres veces.
—¡Ana! —Le atenazo las rodillas mientras se me acelera la
respiración y aprieto con fuerza, pero ella se retuerce encima
de mi entrepierna, así que la suelto y ella se levanta, dejándome
expectante y desesperado a la vez. Creo que está a punto de
recibirme. Está lista.
Yo estoy listo.
Joder, vaya si estoy listo…
Pero ella se desliza hacia abajo por mi cuerpo, besándome
el estómago y el vientre, hundiendo la lengua en mi ombligo y
remoloneando en la línea del vello abdominal. Me mordisquea
una vez más y noto el mordisco directamente en la polla.
—¡Ah!
—Ahí está… —murmura, mirando con avidez mi miembro…