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No Incites a la fiera!

Liberado por Christian Grey

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…papá. Y estoy junto a los árboles. Mirando a papá y a Mia. Ella grita
entusiasmada cuando él le hace cosquillas. Y él se ríe. Y ella se suelta y
se le tira encima. Él le da la vuelta y la atrapa. Y yo me quedo solo en
los árboles. Mirándolos. Con ganas de estar ahí. El aire huele bien. A
manzanas.
—Buenos días, señor Grey —susurra Ana cuando abro
los ojos. El sol de la mañana se cuela por las ventanas y estoy
entrelazado en su cuerpo como una enredadera. El nudo de
añoranza y de dolor, evocado sin duda por un sueño, se deshace
en el mismo instante en que la ven mis ojos. Estoy perdidamente
enamorado y excitado, y mi cuerpo se despierta para acogerla.
—Buenos días, señorita Steele.
Está increíblemente guapa, a pesar de que lleva la camiseta
de Mia de «I ♥ Paris». Me toma la cara entre las manos, con los
ojos chispeantes y el pelo alborotado y brillante bajo la luz de
la mañana. Me acaricia el mentón con el pulgar, haciéndome
cosquillas en la barba incipiente.
—Estaba mirándote mientras dormías.
—¿Ah, sí?
—Y admirando mi precioso anillo de compromiso.
Estira la mano y agita los dedos. El diamante atrapa la luz y
proyecta pequeños arcoíris sobre mis viejos pósters de películas
y de luchadores de kickboxing colgados en las paredes de la
habitación.
—¡Oooh! —exclama—. Es una señal.
Una buena señal, Grey. Con un poco de suerte.
—No me lo quitaré nunca.
—Así me gusta. —Cambio de posición para ponerme encima
de ella—. ¿Y cuánto tiempo has estado mirándome mientras
dormía? —Le acaricio la nariz con la mía y presiono los labios
contra los de ella.
—Ah, no. —Me empuja hacia atrás por los hombros y,
aunque me llevo una decepción, me obliga a tumbarme boca
arriba y se sienta a horcajadas en mis caderas—. Tenía planeado
despertarte yo de verdad.